NUDOS – JORGE TIMOSSI

“Durante gran parte de su vida Danilo se empecinó en desatar el Nudo Gordiano, y cuando ya había logrado zafar el último lazo advirtió, irremisiblemente tarde, que se le venía el mundo encima.”

"Nudos" Cuentecillos y otras alteraciones Jorge Timossi

“Nudos” Cuentecillos y otras alteraciones Jorge Timossi

Jorge Timossi (En Cuentecillos y otras alteraciones, ilustrado por Quino, Buenos Aires,  Ediciones de la Flor, 1995)

JUAN CASAMAYOR

Doble selección del editor:

Cuento de horror de Juan José Arreola

“La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones”.

Fantasma de Patricia Esteban Erlés

“El hombre que amé se ha convertido en fantasma. Me gusta ponerle mucho suavizante, plancharlo al vapor y usarlo como sábana bajera las noches que tengo una cita prometedora.”

ANDRÉS NEUMAN – LA NARRATIVIDAD REDUCIDA A LA MÍNIMA EXPRESIÓN

“Los microrrelatos constituyen un auténtico subgénero, puesto que poseen sus pequeñas pero rigurosas leyes internas. A modo de ejemplo, puede mencionarse el total desmantelamiento de la tradicional progresión tripartita (presentación-nudo-desenlace). Ya no me refiero aquí a un simple comienzo in media res, sino a una modalidad en la que el propio discurrir narrativo se ve desenfocado, interrumpido de raíz. No se trata, por ejemplo, de omitir la presentación en el relato, sino de que ya no quede claro en absoluto qué es presentación, cuál es el nudo y si llega a existir un desenlace. El microcuento entra en mestizaje con el poema en prosa, con la reflexión breve, con el diario o el apunte, sin dejar a la vez de arrojar un nuevo subgénero, si bien híbrido, identificable.”

LOS MICRORRELATOS DE VELAS AL VIENTO – FERNANDO VALLS

La nave de los locos de Fernando Valls es uno de los blogs de referencia del cuento y el microrrelato en lengua española. En él, la narrativa breve de ambos lados del charco encuentran alojamiento y posibilidad de divulgación, no sólo para autores ya consagrados,  sino también emergentes e inéditos, así el mencionado blog se ha convertido desde su nacimiento en 2007 en una prestigiosa palestra en la cual lectores y autores comparten su vicio por el microgénero. Velas al viento es una selección de los mejores y más exquisitos textos que Fernando Valls ha ido descubriendo y publicando en los últimos tres años.

La antología ha sido concebida con la misma frescura que sin duda caracteriza el blog de Fernando Valls, y así podemos encontrar microrrelatos de clásicos modernos como Francisco Ayala, Mario Benedetti, José Emilio Pacheco, Rafael Pérez Estrada o José de la Colina, maestros contemporáneos (Brasca, Shua, Valenzuela, Lagmanovich, Merino, Luis Mateo Díez, Iwasaki, Neuman) y una gran colección  de relatos breves de una nueva remesa de microrrelatistas en la red a los que La nave de los locos  ha devuelto al tradicional papel. Ochenta autores con sus propio estilo y  preferencias temáticas nos brindan sus textos , en la que está evocada a ser una de las antologías ineludible para el disfrute del género.

"Velas al viento" Los microrrelatos de la nave de los locos Fernando valls

“Velas al viento” Los microrrelatos de la nave de los locos Fernando Valls

LA JIRAFA – JUAN JOSÉ ARREOLA

“Con todos sus derroches de técnica, que complican extraordinariamente su galope y sus amores, la jirafa representa mejor que nadie los devaneos del espíritu: busca en las alturas lo que otros encuentran a ras del suelo”

"La Jirafa" Bestiario Juan José Arreola Ilustrado

“La Jirafa” Bestiario Juan José Arreola Ilustrado

Juan José Arreola (En  Narrativa completa, México, Alfaguara, 1997)

ANA MARÍA SHUA – DISCUSIÓN CIENTÍFICA

Es un virus, dice uno. Es una clara, evidente bacteria, afirma otro, con más títulos. Llamémoslo microorganismo, propone, conciliador, un tercero. En todo caso no hay dudas de que se trata de un microorganismo pequeño pero bien formado, con características capaces de enloquecer a cualquier científico. En este momento está haciendo un strip-tease.

TUS EOSINÓFILOS – JUAN JOSÉ MILLÁS

A esta hora de la mañana te toca análisis de sangre. Ahí estarás, pues, ofreciendo la cara interna de tu brazo a alguien que lo estrangulará con una goma a la altura del bíceps para que se manifieste la vena, la vena tuya, que aparece enseguida como un clítoris asustado en la zona más frágil de esa articulación. Ahí está la aguja rompiendo la barrera de la piel, penetrando con violencia calculada en el vaso, del que extraerá unos centímetros de plasma lleno de leucocitos, linfocitos, monocitos, neutrófilos, eosinófilos… Todo lo que te pertenece suena a música, también tus hematocritos y tu hemoglobina y tus hematíes. Ahí está ya tu sangre roja cruzando la ciudad en un tubo de ensayo mientras tú sacas el coche del parking y pones una canción de Antonio Vega que cantarás entre semáforo y semáforo. Tu sangre por un lado, tu cuerpo por otro y yo por otro.

Ahora imagino que soy el técnico de laboratorio al que le llega la muestra que acaban de robarte y que en vez de analizarla me la bebo. Me bebo todas las muestras que llevan tu nombre como me comería todas tus biopsias, corazón. Y daría cuenta también a ojos cerrados de tu fósforo, de tu creatinina, de tu calcio total y de tu albúmina, aunque para ello tuviera que beberme la muestra de orina que tan delicadamente, tras bajarte las braguitas de espuma, has depositado sobre el frasco estéril de plástico. Tú atravesando la ciudad en una dirección, tu orina en otra y yo mismo en otra, cada uno víctima de un metabolismo, de una transaminasa, de una fosfatasa alcalina, de un tiempo de sedimentación, de unos iones, de una desintegración lipídica, de unos marcadores tumorales. Pienso a estas horas de la mañana en tu glucosa basal y me excito como un adolescente. Cuántas palabras inauditas componen tu cuerpo, amor. Y todas llueven en este instante sobre la ciudad.

Juan José Millás (En Articuentos completos, BarcelonaSeix Barral, 2011)

CONTINUIDAD DE LOS PARQUES – JULIO CORTÁZAR

Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.

Julio Cortazar (En Final del juego, Argentina, Editorial Sudamericana, 1964)

Cómic basado en el microrrelato "Continuidad de los parques".

Cómic basado en el microrrelato “Continuidad de los parques”.

Encontrarás este post en dos categorías pues no sólo es un micro ilustrado sino también el favorito del escritor Fernando Iwasaki.

EL ERROR – RAÚL SÁNCHEZ QUILES

Oigo un grito terrible de mi hija. Corro hasta su habitación y la veo sobre la cama, señalando aterrorizada un extraño insecto que se arrastra por su alfombra. Sin pensarlo, lo aplasto con mis mocasines de verano. Me siento junto a ella, la acaricio y observo que el animal aún mueve una pata. Me agacho, lo miro de cerca y percibo un murmullo agónico: “¡Helfen! ¡helfen!”. Entonces entiendo todo. Acabo de matar a Kafka.

Raúl Sánchez Quiles (En Hiperbreves S.A, Tenerife, Baile del sol,  2010)